Chaplaincy endorsement opens ministry opportunities outside the church.

Dificultades del ex-convicto

Los presos que aceptan a Cristo tras las rejas necesitan mentores si quieren quedarse afuera.
John W. Kennedy

Buford Dooley regresó a un mundo muy diferente cuando salió de una prisión de Texas en el 2015. A la edad de 71 años había estado encarcelado por casi 35 años.

"Cumplí mi condena de una vez," dice Dooley. "No lo hice en el plan de cuotas."

Dooley, que abandonó la escuela cuando estaba en el noveno grado, fue a la cárcel en 1980 después de ser condenado por asesinato. Pero en el 2006 se inscribió en un programa de base de fe en la cárcel, y al año siguiente entregó su vida a Jesús.

Al ser puesto en libertad, hace cuatro años, Dooley fue directo a la Comisión Calvario un programa de apoyo en Lindale. Durante dos años, asistió a clases cuatro días por semana cubriendo áreas como consejería bíblica y resolución de ira. Más de 2,000 personas se han graduado de la Comisión Calvario desde su creación en 1,977. La Comisión Calvario, está ubicada en un rancho de 186 acres y ayuda a las personas en libertad condicional a lograr su objetivo de permanecer fuera de la cárcel. La organización proporciona un ambiente donde los ex-reclusos comen, aprenden, trabajan y viven.

"Me dijeron quién era Jesús," explica Dooley a las Noticias de las AD. "Me enseñaron la Palabra de Dios y lo que significa ello." Dooley se graduó con un grado asociado en teología. Hoy en día es director de transporte en el ministerio.

"Si no hubiera sido por la Comisión Calvario, no habría sobrevivido," dice Dooley.

ENCONTRANDO LA ACEPTACIÓN
Por supuesto, en la nación, relativamente pocos son los presos con largas condenas que son puestos en libertad y que pueden mudarse a residencias con programas de apoyo como la Comisión Calvario. Sin embargo, los ex-prisioneros que se han comprometido con su fe detrás de las rejas deben tener cristianos en la libre comunidad para ayudarlos a hacer la transición de manera efectiva.

La necesidad es particularmente grave porque la nación con la tasa de encarcelamiento más alta está lidiando con una población carcelaria envejeciente sin precedentes. El problema se complica por la realidad de que los estadounidenses de mediana edad e incluso de edad avanzada están luchando cada vez más con el alcoholismo y la adicción a las drogas. Las estadísticas de la Oficina de Prisiones muestran que el 46.2 por ciento de los presos tienen 41 años o más.

"El envejecimiento de la población carcelaria estadounidense está en un crecimiento desbordante," dice Daniel J. Odean, representante de los ministerios correccionales para los Ministerios de Capellanía de las Misiones Domésticas de las Asambleas de Dios. "Estados Unidos tiene el 21 por ciento de la población carcelaria total del mundo.

Odean, de 59 años, dice que las personas mayores que han pasado una parte importante de sus vidas tras las rejas y que acaban de terminar una larga condena enfrentan problemas abrumadores al volver a ingresar a la comunidad. Además de tener que adaptarse a una sociedad que ha cambiado mucho desde que la dejaron, muchos enfrentan problemas en materia de salud, problemas de salud mental, la obtención de viviendas asequibles, la pérdida de familiares, el hacer amigos y desarrollar aptitudes para ingresar al mercado laboral.

"La figura de un mentor en sus vidas es la clave más importante para el éxito de esta transición," dice Odean.

Las iglesias con un ministerio activo para ayudar a los presos puestos en libertad son escasas. Pero Marcus Hubbard está agradecido de que la Primera Asamblea de Russellville en Arkansas lo haya aceptado en el 2007 después de estar encarcelado por siete años.

"Fue muy importante para mi empezar inmediatamente y rodearme de compañeros creyentes que estuvieron allí conmigo en cada paso del camino," dice Hubbard, de 56 años. "Satanás nos ataca con todo su ímpetu y, a veces, todo lo que yo podía hacer era llegar a la iglesia."

Es común que los presos que han salido de la cárcel recientemente se sientan como extraños en la iglesia, sienten que no pertenecen, según Hubbard. Pero en repetidas ocasiones, al estar en el altar, Hubbard dice que el Espíritu Santo ha dirigido a la persona adecuada para orar por él.

Desde que fue puesto en libertad, Hubbard ha trabajado a tiempo completo para el Condado de Pope como jefe de mantenimiento de edificios de todos los departamentos y de la corte del condado también. El también está en su segundo período como diácono en la iglesia que tiene más de 700 miembros.

"El amor incondicional y sin prejuicios de otras personas es muy importante," dice Hubbard. “La congregación me eligió, a pesar de mi pasado. No quería convertirme en otra estadística.”

NECESIDAD DE MENTORES
El capellán de las Asambleas de Dios Michael L. Reighard comenzó la Comisión Jericó en el 2006 en su jornada de 15 años como capellán supervisor en el Centro Médico de Prisioneros Federales de los E.U., en Springfield, Missouri. La organización identifica congregaciones dispuestas a asociarse con los reclusos que estan en busca de una iglesia una vez salgan de prisión.

La Comisión Jericó busca reclutar, capacitar y conectar mentores con personas encarceladas antes de que sean puestos en libertad.

Durante el proceso, Reighard — que ahora lidera 461 Respuesta, el programa de Ministerios de Capellanía de las AD que ministra después de las catástrofes fue mentor de varios reclusos en las instalaciones en el programa de un año, incluyendo a Michael A. Williams.

"No sabía cómo pagar las facturas, no sabía cómo ser papá, no sabía cómo ser hombre," recuerda Williams que ahora tiene 58 años. Williams, quien pasó 18 años en cinco centros penitenciarios diferentes después de un robo a un banco y condenas por uso de drogas, atribuye a Reighard el haber ido más allá del deber y cuidarlo compasivamente.

Reighard dice que aun existe una necesidad urgente de que los feligreses actúen como mentores.

"Ya es bastante difícil para que las personas mayores encuentren relaciones significativas, y lo es mucho más para lo presos que regresan a la libre comunidad," dice Reighard. “Las tasas de desesperanza y de suicidio son extremadamente altas en este grupo de personas. Por eso la Iglesia es la respuesta perfecta."

Según Reighard, la mayoría de los cristianos ya tienen tales habilidades, incluso si nunca las han practicado o ni siquiera las han reconocido. Todo lo que necesitan es la capacitación a través de la mentoría.

Hoy, ocho años después de terminar su condena, Williams es presidente de la Junta de Directores de la Comisión Jericó. También es un consejero sobre drogas en la corte y pastor asociado de la Iglesia Highlife de Springfield donde conoció a su esposa Tammy.

"La gente que sale de prisión después de un largo tiempo de encarcelamiento necesita que alguien esté a nuestro lado o nos perderemos muy rápido," dice Williams.

Tracy Kovach, quien pasó más de una década encarcelada en California y Arizona por cargos de drogas y robo, está de acuerdo.

"Si has sido salvo en la cárcel es importante conectarte con una iglesia cuando sales para poder permanecer arraigado," dice Kovach. "Muchas cosas pueden salir mal; no podemos hacer esto solos."

Si un preso que ha estado encerrado durante años vuelve a sus viejas guaridas, dice Kovach que la probabilidad de regresar a la prisión aumenta exponencialmente. Kovach, de 53 años, se convirtió en cristiano en la prisión y fue directamente a Desafío Juvenil de Arizona cuando fue liberado. Se graduó del ministerio de Misiones Domésticas en el 2010 y luego se unió al personal. Hoy es un coordinador de casos de salud de comportamiento.

El fundador de la Comisión del Calvario, Joe Fauss, de 78 años, dice que los reclusos a largo plazo enfrentan innumerables problemas una vez que son liberados.

"Si son cristianos, necesitan una nueva familia de Dios en el exterior," dice Fauss, un capellán de las Misiones Domésticas. "El recluso liberado necesita una cobertura y un patrocinador que lo ayude." El sugiere que los pequeños grupos en la iglesia pueden acoger y apoyar específicamente a los prisioneros recién liberados.

Fauss dice que gran parte de la responsabilidad recae en el que de repente vuelve a circular.

"No hay atajos para construir una nueva vida," dice Fauss. La Comisión del Calvario trabaja extensamente con aquellos en cuidados posteriores para que encuentren su propósito y realicen su potencial. Buford Dooley cree que el llamado de Dios como misionero de la Comisión del Calvario lo ayudó a superar innumerables problemas de salud.

Varios médicos y miembros de la junta de libertad condicional le dijeron al preso Buford Dooley que moriría en prisión. Y no es de extrañar. Tomaba 18 medicamentos para la diabetes, la alta presión arterial, glaucoma y para la enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

Mientras se preparaba para mudarse a la Comisión Calvario, Dooley le dijo a Dios que no podía servirle llevando una bolsa de medicamentos donde quiera que fuera. Sorprendió a los funcionarios escépticos de la cárcel al salir por la puerta de la prisión después de casi 35 años.

"Ellos no consultaron con Dios," dice Dooley, quien dice que las condiciones ya no le molestan. “Es asombroso lo que Dios puede hacer si le pides. Ahora estoy en mejor forma que nunca.”

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Foto principal: Buford Dooley

Foto inferior:  Michael Williams